• La subida de los combustibles encabeza la lista de productos que encarece el IPC en un 3,4 %

  • Desde la invasión de Ucrania, no se registraba un aumento tan brusco de precios

El IPC de marzo ha registrado una subida de 1,1 puntos con respecto a febrero, escalando hasta el 3,4 % por el fuerte incremento, sobre todo, del precio de la energía por la guerra en Irán. El IPC mensual también subió de forma similar, el 1,2 %. Son cifras mensuales que no se veían desde los primeros meses de la invasión de Ucrania.

El transporte, por lo tanto, pero también la energía del hogar, han sido los productos básicos más golpeados. El combustible para vehículos ha subido más de 5 puntos, hasta el 5,3 %. Y también la vivienda registró subidas por encima del IPC general: 3,7 %.

“El problema no es solo para las personas especialmente dependientes del transporte, tanto personal como laboralmente, sino cómo después va a repercutir en el resto de productos. De momento, no se ha registrado un traslado automático del incremento del gasto en transporte a otros bienes de consumo, como pueden ser los alimentos, pero el comportamiento de los precios en las últimas crisis nos alerta de eso”, advierte el secretario general de USO, Joaquín Pérez.

Pérez lamenta que las crisis derivadas del contexto internacional siempre acaben “perjudicando a los mismos. Ya no solo a los civiles allí, por supuesto, sino, cuando sus efectos traspasan fronteras, lo pagamos los trabajadores. Europa tiene que ser mucho más firme en la defensa de sus valores, en no hacer concesiones a las amenazas. Debemos estar del lado de la paz y del futuro del empleo y la prosperidad para la ciudadanía”.

En cuanto a las medidas adoptadas a nivel nacional, el secretario general de USO echa de menos “un mayor control. Siempre vamos a lo fácil, a la rebaja de impuestos, que no es en sí mala; de hecho, desde USO defendemos una rebaja de tipos de IVA para productos básicos. Pero falta ese control previo y posterior de los precios, para que la bajada no se convierta en más beneficios y márgenes empresariales”.

Por último, esta situación “nos reafirma en la necesidad de construir un sistema productivo más resiliente a los vaivenes internacionales, que nos permita una mayor autonomía. Eso no se consigue con turismo y restauración, sino con una apuesta por la innovación y por una industria de alto valor. No solo sortearemos mejor el contexto internacional cambiante, sino que se cumplirá la principal necesidad de la población: empleo más estable y salarios más altos. De hecho, aún no se ha negociado el AENC y la propuesta ya ha quedado obsoleta. No se pueden poner límites a la subida salarial a medio y largo plazo en un mundo tan cambiante”.

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