• Son datos de un sondeo demográfico encargado por USO para conocer las repercusiones de una inflación mayor que las subidas salariales, sobre todo en productos básicos

  • Más de la mitad de la población ha tenido que acudir a la financiación en los dos últimos años para llegar a fin de mes o afrontar imprevistos

  • La calefacción y el ocio también sufren notables recortes de gasto

El 78,5% de las personas trabajadoras encuestadas por USO afirma que su salario ha subido alguna vez en los últimos cinco años. Un porcentaje que se reduce al 32% cuando preguntamos si se ha actualizado al menos tres veces. Es decir, ni siquiera anualmente.

Por ello, no es de extrañar que quienes han visto subir su salario afirmen en un 70% que esta subida ha sido inferior a la de la inflación.

Es el dato de partida de la encuesta que USO ha encargado a la empresa de sondeos IO Investigación para conocer la percepción de las personas trabajadoras con respecto a su poder de compra. Unos resultados que USO presenta como antesala de su 13e Congreso Confederal, que se celebrará en Badajoz del 20 al 22 de mayo, y cuyo análisis sirve para direccionar las políticas y reivindicaciones que marcarán el trabajo del sindicato en el nuevo período que se abre.

Recortar en alimentación o energía

Joaquín Pérez, secretario general de USO y candidato a la reelección, destaca de, entre todas las respuestas, la más preocupante: “un 43% de las personas, que, recordamos, son trabajadoras, tienen un salario, no hablamos de subsidios, han tenido que recortar lo más básico, la alimentación, desde 2021. Afirman que hoy compran menos alimentos o de peor calidad que hace cinco años. Eso es inconcebible y el peor ejemplo de que existe pobreza salarial”.

Prácticamente la totalidad de los encuestados ponen el foco en la alimentación como la que más ha sufrido el impacto de la inflación (83,4%), frente a la energía (64,7%) y ocio, vivienda y transporte, que quedan por debajo.
Con estos mimbres, solo un 20% de la población afirma llegar a fin de mes con holgura, frente al 46% que llega justa y un tercio que expresa algunas o muchas dificultades. Por ello, no extraña que los recortes se manifiesten en otros aspectos, si ya se ha reducido el gasto en lo más básico. Así, casi el 60% gasta hoy menos en ocio. De hecho, 1 de cada 4 ha reducido mucho esta partida desde 2021.

En cuanto a la energía, únicamente el 11% mantiene su consumo igual que entonces. Entre los que lo han reducido, hay recetas de lo más variadas. La más utilizada es recortar el gasto en calefacción o aire acondicionado. Lo ha hecho más de la mitad de la población. Otras opciones elegidas son cambiar de tarifa, de compañía o ajustar la temperatura del hogar. Algunos han tenido que aplicar varias.

“De nuevo hablamos de pobreza salarial si tenemos que asumir que un hogar en el que al menos hay una persona trabajadora en activo no puede poner la calefacción o el aire acondicionado lo que considere necesario para su bienestar. Los salarios de hoy no permiten mantener lo más básico para vivir. Urge una revisión automática de los salarios conforme al IPC; garantizar, al menos, que el salario no se siga descolgando de los costes”, reclama Pérez.

El nuevo hábito: aplazar pagos o acudir al crédito

En conjunto, el 70% de las personas se han visto obligadas, moderada o drásticamente, a reducir gastos en el último lustro. Y el ahorro es algo que, periódicamente, solo pueden permitirse el 24% de los encuestados. Por ello, ante la llegada de imprevistos, solo el 31,5% podría afrontarlos sin dificultad. Casi la mitad podría hacerlo con cierta dificultad o recurriendo a sus ahorros y un 20% precisaría ayuda externa o, directamente, no podría acometerlos.

De aquí se deriva que el crédito o el aplazamiento de pagos hayan pasado a ser una necesidad habitual de los trabajadores: la mitad ha tenido que recurrir a algún tipo de financiación externa para llegar a fin de mes o afrontar esos imprevistos en los últimos dos años.

“Sobre las recetas que reclaman los propios encuestados, figura en lo más alto la subida salarial y la revisión automática del IPC, tal y como pide USO. Nosotros, con estos datos, tenemos que ir incluso más allá de nuestra reivindicación en este sentido: crear un subíndice de productos básicos al que ligar la subida salarial, porque es lo esencial lo que nos está empobreciendo”, demanda el secretario general de USO.

Además, y también en consonancia con la opinión de USO, consideran en una amplia mayoría (71,5%) que los beneficios empresariales no se trasladan nunca o rara vez a los salarios. Por ello “urge una reforma fiscal, que se graven más las rentas del capital que las del trabajo. Y, entre las empresas, que se premie a las que ya devuelven sus beneficios en forma de empleo de calidad y altos salarios, en detrimento de las que únicamente engordan beneficios”, estima Joaquín Pérez.

La vivienda, un condicionante para la pobreza

Entre los grupos sociodemográficos que han respondido a esta encuesta, destaca la clasificación en función del régimen de vivienda. Porque la propiedad o el alquiler, y el estar aún sujetos o no a una hipoteca, están marcando una línea clara de riesgo de pobreza. De hecho, en el último lustro, un 13% asegura haber tenido que cambiar de vivienda por motivos económicos.

Frente al 33,5% de media de personas que no llegan bien a fin de mes, entre quienes viven de alquiler se dispara al 47,1%. También los hipotecados han tenido que reducir más su ocio (61,8% frente al 57,3% general). Además, se percibe que los mayores de 55 años, donde es más habitual el contar con una vivienda en propiedad ya sin cargas, los gastos han tenido que reducirse menos.

“Salarios, reforma fiscal y pacto de Estado por la vivienda. Son las tres políticas más urgentes para la población. Tener una vivienda en propiedad es hoy una garantía para llegar a fin de mes. Ni con un salario es seguro hacerlo si dependes de los tipos hipotecarios o, especialmente, del alquiler. Todas las Administraciones deben trabajar sin fisuras para poner en el mercado el mayor número posible de viviendas en alquiler o en compra protegida. Y cuanto antes, porque el problema está ahí, no es de aquí a una década”, apura el secretario general de USO.

Peores condiciones para las mujeres

Son muchos los condicionantes para una mejor vida cotidiana. Pero ser mujer no lo facilita. Los hombres han tenido más incrementos salariales en este lustro que las mujeres (85% frente al 71,5%). Y, además, ellos casi las duplican cuando hablamos del grupo de personas a las que el salario les ha subido por encima de la inflación (6,19% frente al 3,64%).

Los hombres son mayoría entre quienes llegan a fin de mes sin dificultades (70%) y, por el contrario, ellas han tenido que apretarse más el cinturón: 74,8%, frente al 70,5% de media. También por ello ellos tienen mayor capacidad para ahorrar habitual o puntualmente (66,4%), frente al 42,6% de las mujeres que pueden hacerlo.

“La última de las políticas a la que tenemos que hacer mención, y que es imprescindible también para el aumento de salarios, es la gran reforma laboral. La de verdad, la que se escriba desde cero y que ataje los males endémicos que todos conocemos: la parcialidad en aumento, la rotación que sigue creciendo, los indefinidos que no lo son, los fijos discontinuos que tienen contrato en vigor pero no trabajan… Y lo quiero ligar a la situación de la mujer porque ellas padecen mucho más la parcialidad y la temporalidad. La mejor medida contra la brecha de género es una legislación laboral que no deje resquicios a la picaresca”, concluye Joaquín Pérez.

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