USO analiza por qué hablar de absentismo laboral es un error interesado y no un diagnóstico de PRL

El año 2026, declarado Año de la Salud y la Seguridad en el Trabajo por el Consejo de Ministros, debía ser el del cambio en materia de PRL pero está siendo el del absentismo laboral. Está ganando fuerza una idea peligrosa: que la salud en el trabajo es un problema de conducta individual. Que hay que actuar sobre quien enferma, no sobre quien comete fallos en la prevención. Desde USO lo decimos claro: el discurso del absentismo laboral es interesado, lleva más de un siglo utilizándose y esconde fallos importantísimos en PRL.

Absentismo, una palabra que ya decide quién es culpable

El termino “absentismo laboral” nombra un fenómeno en el que ya hemos decidido dónde está el problema antes de mirar un solo dato: en la persona que no está en su puesto de trabajo. La palabra no es neutra, señala a quien no está y aparta del foco todo lo demás: por qué falta, qué le ha pasado, qué condiciones de trabajo le han llevado a esa situación, o qué no se hizo para evitarlo.

Esto no es un matiz semántico. Es una decisión de gestión disfrazada de diagnóstico. Si el indicador se llama “tasa de absentismo”, la respuesta lógica es actuar sobre el trabajador: controlarlo, citarlo en la mutua, penalizarlo económicamente. Si ese mismo dato se llamara “índice de deterioro de las condiciones de trabajo”, la respuesta sería otra: evaluar el puesto, adaptar la organización, invertir en prevención. La cifra es la misma. Lo que cambia es a quién señalamos.

Una palabra que nació para señalar al empresario, no al trabajador

La historia de la palabra desmonta cómo se está utilizando en la actualidad. Absentismo nace en el siglo XIX para hablar del absentee landlord, el terrateniente que vivía lejos de sus tierras, que no las trabajaba ni las cuidaba, y que solo aparecía para cobrar la renta. En el Parlamento británico se hablaba del “sistema de absentismo” para denunciar el daño de que los propietarios estuvieran ausentes de sus responsabilidades.

El ausente original era el dueño que no se responsabilizaba. Con la industrialización, la palabra cambió de bando: dejó de señalar al propietario que incumplía y pasó a señalar al obrero que faltaba. La culpa migró del capital al trabajo. Y ahí sigue.

Lo que hace el absentismo en la práctica

Hablar de “absentismo” provoca cuatro efectos muy concretos:

  • Individualiza un problema estructural. No hay puestos que enferman; hay personas que usan mal las máquinas, no usan los EPIs, se saltan los procedimientos de trabajo, en definitiva, hacen mal su trabajo.
  • Convierte la ausencia en sospecha. La presencia se asume como norma y faltar al trabajo, como anomalía. De ahí a tratar a quien está enfermo como a quien hace trampas, solo hay un paso.
  • Solo se contabilizada desde la cuenta de resultados. El cuerpo del trabajador aparece como un coste. La palabra mira la realidad con los ojos de quien paga la nómina, no con los de quien pone el cuerpo.
  • Invierte la causalidad. Gran parte de las ausencias son consecuencia directa de las condiciones de trabajo: trastornos musculoesqueléticos, enfermedad profesional infradeclarada, agotamiento, riesgos mal evaluados, sobrecarga. Al llamarlo absentismo, la causa desaparece y solo queda el síntoma como problema a resolver. El trabajador termina siendo víctima y acusado al mismo tiempo.

El mismo truco que ya vimos con la siniestralidad

Este modus operandi no es nuevo ni exclusivo del debate sobre las bajas médicas. USO lleva años denunciándolo en otro terreno: la siniestralidad laboral. Desde 2010 existe en España un sistema (hoy suspendido, con sucesivas prórrogas) que premia con reducciones de cotizaciones a las empresas con bajos índices de accidentes. La intención era incentivar la prevención real.

Pero, el resultado ha sido otro: campañas de siniestralidad cero que presionan para no reportar accidentes, y Mutuas que, cobrando un porcentaje del propio incentivo que gestionan, han maquillado la calificación de accidentes y enfermedades profesionales para que los números cuadren.

“La lección es clara: cuando un indicador se convierte en objetivo, deja de servir para medir lo que decía medir. Y lo que estamos viendo ahora con las bajas médicas es la misma lógica. Antes se premiaba al empresario por unos números bajos, con el riesgo que podría suponer que los maquillara. Ahora se propone castigar directamente a quien está enfermo, para que sea la propia persona quien decida no ausentarse aunque lo necesite. Es la escalada previsible: cuando presionar el indicador desde arriba no basta, se presiona directamente sobre el cuerpo que genera el dato”, explica Sara García, secretaria de Acción Sindical y Salud Laboral de USO.

Por eso, desde USO lo decimos sin rodeos: la salud en el trabajo no es un problema de conducta individual, es un problema de prevención. La ley ya lo dice: el deber de protección del artículo 14 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales obliga a la empresa, no al trabajador. Mientras sigamos hablando de absentismo laboral en lugar de hablar de fallos en PRL, seguiremos mirando hacia el lado equivocado. Y seguiremos permitiendo que quien falla en prevenir señale a quien paga esa falta con su salud.