La evolución de la negociación colectiva y su papel en el modelo social en Europa centra los debates de un encuentro europeo organizado por ETUI
La secretaria de Internacional y Desarrollo Sostenible, Carmen Alejandra Ortiz; el técnico de la Secretaría, Jairo Gonzalo, y María Recuero, secretaria general de USOC y miembro del Comité de Mujeres de la CES, han participado en el encuentro “Collective Bargaining in Europe: Recent Trends and Challenges”, organizado por el Instituto Sindical Europeo (ETUI). En él, se ha analizado la situación de la negociación colectiva en Europa.
Una cobertura en descenso en la Unión Europea
Los datos presentados en el encuentro reflejan una tendencia descendente sostenida sobre la cobertura de la negociación colectiva en Europa. El porcentaje de trabajadores cubiertos por convenios ha pasado del 82,6% en 1990 al 66,8%, en 2024 (fuente OECD/AIAS ICTWSS y ETUI).
Este retroceso está vinculado a transformaciones estructurales del mercado laboral, reformas descentralizadoras, aumento del empleo precario y debilitamiento de la negociación sectorial en varios Estados miembros.
Lamentablemente, una menor cobertura implica mayor desigualdad salarial, peores condiciones laborales y debilitamiento de uno de los pilares fundamentales del modelo social europeo.
España, por encima de la media europea
El promedio europeo oculta realidades diversas. Mientras los países nórdicos mantienen niveles elevados de cobertura, en Europa del Este los porcentajes son sensiblemente inferiores.
En el caso de España, nos situamos por encima de la media de la UE, con una cobertura estimada entre el 70% y el 80%, gracias al peso de la negociación sectorial y a los mecanismos de extensión de los convenios colectivos.
Sin embargo, el objetivo marcado por la Directiva europea sobre salarios mínimos adecuados establece como referencia alcanzar al menos el 80% de cobertura, una meta que aún está lejos de cumplirse a nivel europeo.
Competitividad y negociación colectiva: ¿equilibrio o tensión?
Uno de los ejes centrales del debate fue la coexistencia de dos agendas: el refuerzo de los derechos sociales y la promoción urgente de la competitividad.
Se planteó la preocupación por propuestas empresariales orientadas a la simplificación normativa en el mercado laboral, que podrían debilitar obligaciones de información y seguimiento vinculadas a la negociación colectiva. Aunque no existe actualmente una iniciativa legislativa “ómnibus” en marcha, el debate político sigue abierto.
Desde la Comisión Europea se defendió que competitividad y negociación colectiva no son objetivos incompatibles, sino elementos que deben reforzarse mutuamente dentro de la economía social de mercado europea.
Planes nacionales: entre el compromiso y la ambigüedad
Los Estados miembros están elaborando planes nacionales para fomentar la negociación colectiva. No obstante, se advirtió que muchos presentan formulaciones vagas que permiten interpretaciones flexibles y compromisos limitados.
Existe el riesgo de que se adopten medidas poco ambiciosas que no generen avances reales en cobertura ni en calidad de los convenios.
Se insistió en que no basta con presentar planes: es imprescindible evaluar su impacto real, su contenido cualitativo y su capacidad para fortalecer efectivamente la negociación colectiva.
En algunos países se promueve la idea de hacer los convenios más flexibles para incentivar la participación empresarial. Este planteamiento abre un debate de fondo: si los convenios seguirán siendo instrumentos para garantizar igualdad de condiciones y mejoras salariales o si corren el riesgo de convertirse en herramientas principalmente orientadas a reducir costes.
La Comisión señaló que evaluará no solo el aumento de la cobertura, sino también la calidad y utilidad de los acuerdos alcanzados.
Demografía, confianza y construcción gradual
El contexto demográfico europeo añade presión al mercado laboral: descenso de la población activa, aumento de vacantes y sostenibilidad del sistema de pensiones. En este escenario, se defendió la necesidad de políticas realistas que equilibren ambición y viabilidad.
La negociación colectiva requiere confianza, tiempo y fortalecimiento de capacidades. Instrumentos como el Fondo Social Europeo pueden contribuir a este proceso. Sin embargo, la confianza no se construye bajo presión constante, y los avances deben producirse paso a paso.
Herramientas europeas para impulsar cambios
Se destacó el papel del semestre europeo como mecanismo capaz de vincular recomendaciones con implicaciones financieras, lo que puede favorecer reformas estructurales. Se mencionó el caso de Rumanía, que reformó profundamente su legislación de diálogo social en el marco de condiciones asociadas a financiación europea. Estos instrumentos, por tanto, demuestran que existen herramientas para avanzar siempre que exista voluntad política.
Desde la perspectiva sindical, se subrayó que los sindicatos han apostado históricamente por el diálogo social como vía prioritaria para mejorar las condiciones de trabajo y de vida. Sin embargo, también se advirtió que la paciencia tiene límites.
Si no existe un compromiso real por parte de todos los actores para fortalecer la negociación colectiva y construir confianza, el movimiento sindical dispone de otras herramientas de presión y movilización para defender los derechos laborales.
Una fortaleza estratégica del modelo social europeo
En un contexto internacional marcado por tensiones y divergencias con otros modelos económicos, la negociación colectiva forma parte de las fortalezas estructurales del modelo social europeo. Lejos de ser un obstáculo, una alta cobertura de negociación colectiva puede contribuir simultáneamente a la cohesión social, la estabilidad económica y la competitividad sostenible.
La participación de USO en este encuentro reafirma su compromiso con el fortalecimiento del diálogo social europeo y la defensa de un mercado laboral más justo, equilibrado y centrado en las personas trabajadoras.
























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