USO defiende la igualdad en la educación, en la ciencia y en el empleo porque también es defender el futuro de las niñas que hoy construyen su camino
Cada mes de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Más allá de una fecha concreta, esta jornada invita a reflexionar sobre cómo se construyen las vocaciones científicas y, sobre todo, sobre las barreras que todavía limitan el acceso de muchas niñas al conocimiento, la investigación y el desarrollo científico.
Las niñas nacen con la misma curiosidad que los niños. Observan, preguntan, experimentan. Sin embargo, a lo largo de su crecimiento, siguen recibiendo mensajes, explícitos o implícitos, que condicionan sus expectativas y sus proyectos de vida: que las matemáticas son difíciles, que la tecnología no es para ellas o que la ciencia es un ámbito exigente y poco accesible. Estas ideas, basadas en roles y estereotipos de género, son falsas y contribuyen a perpetuar desigualdades de género.
Sólo el 30% del personal investigador son mujeres
Los datos lo confirman. A nivel mundial, solo alrededor del 30% del personal investigador son mujeres. Esta brecha no responde a una falta de talento, sino a obstáculos sociales, educativos y laborales que afectan especialmente a niñas y mujeres a lo largo de toda su trayectoria formativa y profesional. La desigualdad no comienza en el laboratorio, sino mucho antes, cuando determinadas vocaciones no reciben el apoyo necesario para desarrollarse.
Fomentar el interés de las niñas por la ciencia no es únicamente cuestión de orientación académica. Es una cuestión de igualdad real y de justicia social. La ciencia proporciona herramientas para pensar de forma crítica, para comprender la realidad y para participar activamente en la sociedad. Garantizar que las niñas tengan acceso pleno a estos conocimientos es garantizar también su autonomía futura y su capacidad para ejercer sus derechos en igualdad de condiciones.
La historia de la ciencia muestra con claridad cómo el reconocimiento no siempre ha ido de la mano del mérito. Rosalind Franklin, cuyas investigaciones fueron fundamentales para el descubrimiento de la estructura del ADN, no recibió en vida el reconocimiento que merecía. En España, Margarita Salas defendió durante décadas la investigación pública, el valor del trabajo colectivo y la necesidad de proteger el conocimiento como un bien común. Sus trayectorias evidencian que ciencia, igualdad y derechos están profundamente conectados.
Defender la igualdad de oportunidades
Desde una perspectiva sindical, esta reflexión es inseparable de la defensa de la igualdad de oportunidades. No hay ciencia de calidad sin una educación pública fuerte. La igualdad no es posible sin políticas que reduzcan las brechas de género y sociales. No hay progreso sin condiciones laborales dignas que permitan conciliar, investigar y desarrollar el talento sin penalizaciones.
El sindicalismo trabaja para corregir desigualdades estructurales, garantizar derechos y asegurar que el acceso al conocimiento no sea un privilegio sino un derecho. Defender la igualdad en la educación, en la investigación y en el empleo es también defender el futuro de las niñas que hoy están construyendo su camino.
Por eso, cuando hablamos de niñas y ciencia, hablamos de justicia social, de derechos laborales y de un modelo de sociedad más equitativo. Hablamos de no perder talento por razones de género o de origen social. Hablamos de apostar por una ciencia al servicio de las personas y por una igualdad que empiece desde la infancia.
En este Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, reafirmamos el compromiso sindical con la igualdad real, el acceso universal al conocimiento y la defensa de una educación y una investigación públicas, inclusivas y de calidad. Porque garantizar los derechos de hoy es construir un futuro con más igualdad y más dignidad para todas y todos.
Desde USO exigimos medidas reales para impulsar la incursión de niñas en la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas, combatir los sesgos de género en el sistema educativo y terminar con prácticas sexistas en la carrera investigadora. Sólo de esta forma podremos combatir la infrarrepresentación femenina en la ciencia y la tecnología.
























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