Un estudio universitario confirma lo que USO lleva desde 2011 denunciando: la reforma de pensiones retrasa la jubilación, penaliza a las mujeres y aumenta la mortalidad laboral
En 2011, cuando se aprobó la gran reforma de las pensiones, USO se posicionó afirmando que era una medida injusta e insolidaria. Ahora, un estudio académico, realizado por el investigador Sergi Jiménez-Martín y con datos reales de la Seguridad Social, confirma que en USO teníamos razón: la reforma de pensiones de 2011 tuvo y tiene efectos peores de lo que nos contaron en su día. Y lo hace con cifras muy concretas.
Trabajar más años con las mismas consecuencias
El estudio de Sergi Jiménez-Martín analiza qué ocurrió realmente con las personas que se vieron obligadas a retrasar su jubilación y los resultados no dejan lugar a dudas:
- Una persona trabajadora se jubila, de media, 8 meses más tarde.
- Por cada mes que la ley alarga la edad de jubilación, la gente trabaja, de media, un mes más.
- Casi nadie se jubila justo a los 65 años ni antes, por lo que la reforma empuja a trabajar hasta pasada esa edad.
En conclusión, la reforma simplemente ha obligado a trabajar durante más años.
Las mujeres, quienes más lo sufren
La ley exige muchos años de cotización seguidos para poder jubilarse a los 65. A simple vista, parece una norma neutral pero, en la práctica, no lo es. Las mujeres suelen tener carreras laborales más cortas o interrumpidas por cuidado de hijos o familiares, por trabajos a tiempo parcial o por empleos más precarios. Todos estos condicionantes hacen que sean ellas las que más sufren esta exigencia.
Y los datos lo confirman: 6 de cada 10 personas afectadas por el retraso en la jubilación son mujeres; ellas retrasan su jubilación una media de 10 meses, frente a poco más de 3 meses en el caso de los hombres.
Este es el resultado de una norma que parece igual para todos pero que, en la vida real, penaliza mucho más a quien ya parte con una carrera laboral más difícil y que, en este caso, son las mujeres.
Una reforma de las pensiones que también acorta vidas
El estudio revela otro dato más preocupante: obligar a las personas a trabajar más años aumenta el riesgo de morir antes de tiempo, sobre todo entre los hombres.
Y tenemos la respuesta: son muchos los que se ven obligados a seguir en trabajos físicamente muy duros y tradicionalmente masculinizados, como la construcción, minería, industria, etc., a una edad en la que el cuerpo ya no puede más.
Es decir, no es la edad lo que hace daño, sino que se obligue a seguir trabajando a quien ya no está en condiciones de hacerlo. Que las demandas del trabajo no se evalúen y adapten teniendo en cuenta la edad de la persona y que se deba trabajar igual con 20 que con 66 años, provoca que los accidentes mortales en jornada se disparen a partir de los 55.
No hay problema en que alguien, libremente, decida prolonga su vida laboral. El problema aparece cuando legal y estructuralmente, no puedes elegir.
La reforma de las pensiones de 2011 fue injusta y tiene consecuencias
Este estudio no lo firma un sindicato sino un investigador universitario, con datos oficiales. Pero viene a confirmar lo que, desde USO, llevamos años defendiendo: la reforma de 2011 fue injusta, y sus consecuencias, trabajar más, cobrar menos y arriesgar la salud, eran totalmente previsibles.
Las normas que parecen neutras no lo son y exigir muchos años de cotización continuados perjudica, sobre todo, a las mujeres, y eso hay que corregirlo.
Por otro lado, ningún ahorro económico puede justificar poner en riesgo la vida de los trabajadores. La salud de las personas no puede ser una variable económica más.
La solución no es alargar la vida laboral por ley, sino generar empleo estable y de calidad, con cotizaciones suficientes, y garantizar la financiación pública de las pensiones. Es lo que USO defiende desde 2011, y lo que seguimos reclamando hoy dentro de la Mesa Estatal por el Blindaje de las Pensiones.
Además, es fundamental invertir y desarrollar sistemas de prevención propios y con autonomía económica dentro de las empresas, que permitan un ejercicio eficaz del deber de protección, independientemente del género o la edad.
Desde USO exigimos que se revisen los aspectos de esta reforma que más daño están haciendo y que cualquier cambio futuro en las pensiones se estudie antes desde dos ángulos, hasta ahora ignorados: cómo afecta a las mujeres y cómo afecta a la salud de quienes trabajan en los oficios más duros.
























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