USO SE SUMA A LA CONDENA DE LA CSI ANTE LA VIOLENCIA EN EL MUNDO ÁRABE

USO se suma a la condena realizada por la Confederación Sindical Internacional (CSI) ante los ataques sin precedentes a los derechos en el mundo árabe que se vienen produciendo en los últimos meses.

Los derechos humanos son objeto de ataques constantes y sin precedentes en el mundo árabe, conforme miles de jóvenes, pertenecientes a una generación de desposeídos, caen en las redes de yihadistas violentos que intentan tener toda la región bajo su control.

Las condiciones de la crisis actual que experimenta la región, descrita por la Comisionada de Derechos Humanos de la ONU Navi Pillay como “el verano asesino” de 2014, representan un fracaso colectivo en materia de gobernanza, tanto en la región como en la comunidad internacional.

El “Estado Islámico” (EI), que ha recibido un gran apoyo financiero en el seno de las monarquías del Golfo, ahora está constituyendo su propia base financiera mediante el robo, la extorsión, la trata de personas y la venta de las reservas de petróleo capturadas a sus amigos y enemigos por igual.

Éste y otros grupos sectarios violentos, también con el apoyo de las monarquías del Golfo, pretenden someter países enteros a través de la violencia extrema y la intimidación. Las poblaciones de numerosos países árabes se encuentran cada vez más atrapadas entre los extremistas fundamentalistas misóginos, por un lado, y la dictadura autocrática o la monarquía absoluta por otro. Los derechos humanos, la democracia y cualquier perspectiva de desarrollo económico y social están siendo sofocados por este duopolio de fuerzas tiránicas.

Sin embargo, la responsabilidad de la situación actual no concierne solamente a la región propiamente dicha. Los países que han sido puntos de parada para los combatientes extranjeros que entran en las zonas de conflicto de la región también tienen gran parte de culpa. Las grandes potencias económicas y políticas mundiales son igualmente culpables de toda una serie de fallos políticos y económicos de las últimas décadas que ha agudizado la inestabilidad y han ayudado a crear las condiciones propicias para la proliferación rápida y sin precedentes de los yihadistas.

El levantamiento popular contra la dictadura siria se ha visto eclipsada por los grupos fundamentalistas que han aprovechado el creciente caos que existe con el apoyo de intereses externos empeñados en librar guerras interpuestas en el territorio sirio. Con cerca de 200.000 muertos, 3 millones de refugiados y más de 3 millones de ciudadanos sirios desplazados y atrapados en el interior del país, Antonio Guterres de la ONU ha descrito la crisis como “La mayor emergencia humanitaria de nuestra era, sin embargo, el mundo no ha conseguido responder a las necesidades de los refugiados ni de los países que los albergan”. En Irak, han muerto más de 6.000 personas en los últimos tres meses, en su gran mayoría civiles, y la crisis humanitaria sigue ahondándose.

La gran mayoría de las poblaciones del mundo árabe, al igual que las poblaciones del mundo entero, aspiran a vivir en paz y en el respeto mutuo así como disponer de los medios y las posibilidades de construir una vida decente para ellos y para las generaciones futuras. Estas aspiraciones son torpedeadas incesantemente por aquellos que  tratan de crear y agravar las divisiones sectarias, aprovechando la desigualdad económica y la exclusión social.

El movimiento sindical independiente y democrático, con su profundo e inquebrantable compromiso con la paz, la igualdad, los derechos humanos y la no discriminación, es un baluarte contra la división, la violencia y la explotación. No es casualidad que los sindicatos, tanto en el mundo árabe como en otros lugares, sean un blanco importante y se encuentren en la mira de todos aquellos que buscan destruir estos valores perdurables.

USO, junto a la CSI y al movimiento sindical internacional se mantendrá firme en su apoyo y solidaridad con los sindicatos del mundo árabe, y redoblará sus demandas a toda la comunidad internacional para que haga posible la justicia económica y social en la región, para derrotar así la intolerancia, el sometimiento y la represión de cualquier lugar o entidad de donde provenga.