Porque los hábitos saludables también dependen de las condiciones de trabajo, USO reclama menos jornada, más salario y prevención

En los últimos años se ha puesto de moda el discurso del bienestar y los hábitos saludables, pero comienzan por unas buenas condiciones de trabajo.  Las empresas nos hablan de meditación, de comer sano, de dejar el alcohol, de hacer deporte. Suena bonito y, realmente es cierto que mejora la salud.

El problema, sin embargo, es cómo nos venden esa idea. Nos la venden como si fuera un asunto de disciplina personal, de carácter, de fuerza de voluntad. Y en ese envoltorio, siempre sobra un mensaje implícito: si estás mal, es porque no te cuidas lo suficiente. No es un consejo, es una forma de culpabilización disfrazada de autoayuda. Las empresas utilizan la vida sana como complemento para campañas derivadas de la vigilancia de la salud y asumen que dando consejos cumplen el objetivo de cuidar a sus plantillas.

Pero echando un vistazo rápido a las nóminas, a los partes de bajas y las listas de espera del centro de salud, nos damos cuenta de que la mayoría de los malos hábitos no nacen en la cabeza de la persona trabajadora: nacen en la fábrica, en la oficina sin ventanas, en el turno partido, en el segundo empleo, en la doble presencia o en el trayecto de dos horas en transporte público.

Necesitamos tiempo

Para hacer ejercicio hace falta tiempo, no solo media hora al día. Hace falta energía y no llegar a casa con los pies hinchados y la espalda rota después de diez horas de pie. Hace falta que el horario sea predecible, para poder planificar una salida a correr o una sesión en la piscina. Y hace falta que el gimnasio o el polideportivo no supongan un esfuerzo económico más.

Cuando una persona trabajadora de la limpieza o de la logística termina su jornada y tiene que hacer la compra, recoger a los niños y preparar la cena, el cigarro que se fuma en el balcón no es una debilidad, es un descanso real, asequible, inmediato. El alcohol de los viernes es un anestésico para el estrés acumulado. La comida ultraprocesada no es un capricho: es lo que se puede pagar y preparar en diez minutos.

Si de verdad queremos que la población trabajadora tenga hábitos saludables, lo primero que hay que hacer es dejar de vender la salud como un producto que se compra con esfuerzo individual y empezar a construir las condiciones para que sea posible.

Ya tenemos mucha información

Nadie necesita que le digan que fumar es malo. Nadie desconoce que el alcohol daña el hígado o que los refrescos tienen azúcar. El problema no es la información sino que cuando vives bajo presión constante, eliges lo que alivia ahora, no lo que previene dentro de unos años.

El sistema lo sabe. Por eso la industria alimentaria, la tabacalera y la cervecera no venden productos, venden “momentos”, respiraderos emocionales para la persona trabajadora agotada. Y luego, son los mismos que te dicen que hagas yoga para desintoxicarte.

Todo esto son parches. El ejercicio no arregla una espalda sometida a esfuerzos cada día durante años. Correr cinco kilómetros no arregla una jornada de doce horas. Comer ensalada ecológica no compensa un salario que no llega a fin de mes. Dejar el alcohol no va a eliminar el acoso laboral en tu empresa.

¿Qué propone USO?

Con todo esto no queremos decir que no hagas deporte. Al contrario, te animamos a que te muevas, a que cocines cuando puedas, a que bebas agua y trates de dormir más. Pero sin culpa porque tu mala salud no es tu culpa. Es, en buena medida, la consecuencia previsible de un sistema que prioriza la productividad sobre las personas.

Desde USO, en nuestras alegaciones a la próxima reforma de la LPRL que presentamos al Ministerio de Trabajo, exigimos cuestiones que muchos creerían ajenas a “dejar de fumar” o “hacer deporte”, pero, no lo son:

  • Riesgos psicosociales y salud mental: el estrés y la sobrecarga laboral convierten el tabaco y el alcohol en analgésicos de bajo coste. Exigimos encuestas de clima laboral obligatorias para un diagnóstico real.
  • Jornada laboral y tiempo para vivir. La organización del tiempo de trabajo es una condición de trabajo: sin tiempo libre es imposible hacer ejercicio, cocinar o descansar. La evaluación de riesgos debe incluir la vida fuera del trabajo.
  • Género, doble jornada y accidentes in itinere. Las mujeres sufren más accidentes por la doble jornada, lo que reduce su tiempo para cuidarse y aumenta el consumo de tabaco o comida insana. La prevención debe abordar la organización sexista del trabajo.
  • Cambio climático y trabajo al aire libre: si no se puede trabajar por altas temperaturas o por lluvias torrenciales, tampoco se puede salir a caminar o correr sin riesgos. Prohibimos trabajar al aire libre en alertas naranjas o rojas.
  • Enfermedades profesionales. Exigimos que el estrés laboral, el burnout y el acoso psicológico sean reconocidos como enfermedades profesionales. Si no lo son, la empresa no está obligada a cambiar los ritmos que generan ansiedad y consumo de sustancias.

Menos jornada, más salario y prevención

  • Reducción de jornada mediante negociación colectiva e incorporándola como variable obligatoria en la evaluación de riesgos psicosociales. Menos horas es igual a más tiempo para dormir, cocinar y hacer deporte.
  • Salario mínimo digno, que permita acceder a alimentación real, no ultraprocesada. Incluir la capacidad adquisitiva como factor de riesgo en la vigilancia de la salud.
  • Pausas activas y descansos suficientes durante la jornada para comer tranquilo y estirar el cuerpo, evitando que el tabaco o el alcohol se conviertan en válvula de escape.
  • Entornos sin estrés crónico, sin ritmos inhumanos ni dobles turnos. Exigimos herramientas concretas en la evaluación de riesgos psicosociales, no solo gimnasios.
  • Instalaciones deportivas públicas y gratuitas en todos los barrios.

Desde USO apoyamos la vida sana, por supuesto: sí al ejercicio, sí a comer bien, sí a dejar de fumar y de beber alcohol. Pero todo eso será siempre más fácil cuando hayamos ganado menos horas de trabajo, más salario y más tiempo para vivir. El cuidado del cuerpo es una batalla colectiva por las condiciones que hacen posible una vida digna. Y esa batalla se gana en los comités, no solo en el gimnasio.