Los accidentes mortales en el trabajo producidos por los efectos del calor son una realidad que, sin embargo, no se refleja en las estadísticas ni recibe la actuación que requiere
El pasado 8 de julio, un trabajador de 24 años falleció en Tarragona mientras sustituía un tejado de uralita en una nave industrial. Se desplomó sobre la cubierta y no pudo ser reanimado. Mossos e Inspecció de Treball investigan las causas, con el golpe de calor como una de las hipótesis principales.
Ese mismo día, en Sevilla, se confirmó la muerte de un trabajador de 48 años que se había desvanecido en plena calle la víspera. Antes, en Aznalcóllar, un trabajador agrícola murió al aire libre mientras realizaba su labor en el campo.
Tres muertes, tres puestos de trabajo, un mismo verano. Y ni una sola estadística laboral pública que permita saber, hoy, si sus empresas habían evaluado el riesgo térmico, si existía protocolo, si trabajaban bajo aviso naranja o rojo activo.
Y no son casos aislados. USO ya ha denunciado ante la Inspección de Trabajo las condiciones que soportan los vigilantes de seguridad privada de la estación intermodal de Ourense, donde este verano se han producido desmayos y episodios compatibles con golpe de calor. En 2025, la primera sentencia firme derivada de aquellas denuncias sancionó a la empresa adjudicataria por exponer a su plantilla a condiciones climáticas extremas sin protección suficiente. Un año después, los desmayos se repiten. Cuando el dato tarda, la reincidencia sale barata.
Por eso, desde USO exigimos que el calor laboral tenga su propio número, publicado a tiempo. Sin ese número, no hay forma de exigir que se cumpla lo que la ley obliga a cumplir.
El vacío en la estadística sobre mortalidad laboral por calor
En junio de 2026 Sanidad contabilizó cerca de 1.000 muertes por calor extremo en España, 620 de ellas concentradas en tres días. Ese dato existe, es público y llega casi en tiempo real.
El dato equivalente para el ámbito laboral no existe. Y es algo que desde USO llevamos años reivindicando: no contamos con un sistema que monitorice la salud laboral de las personas trabajadoras en tiempo real. De modo que los datos, cuando llegan, llegan tarde.
La consecuencia directa y concreta es que nadie puede decir hoy cuántas de esas casi 1.000 muertes de junio ocurrieron en jornada laboral. La cifra existe, pero está mezclada con la de personas mayores fallecidas en su domicilio, con la de personas sin hogar, con la de quien tenía una patología previa. Meter todo eso en el mismo saco no es un problema de estadística, es un problema de responsabilidad. Mientras la muerte de un jornalero al sol y la muerte de una persona de avanzada edad en su casa cuenten como el mismo número, nadie tiene que rendir cuentas por la primera.
El precedente está documentado. En 2022, año con cifras oficiales de Trabajo, se registraron 5 muertes y 168 bajas reconocidas por calor. Basta comparar estos datos con los más de 12.000 fallecimientos que la mortalidad general atribuyó aquel año al calor. Es obvio preguntarse el porqué de este abismo estadístico. Y se explica fácilmente: el sistema que debería contar las muertes laborales por calor no las está contando.
¿Qué exigimos desde USO?
- Publicación mensual de la mortalidad y siniestralidad laboral por calor, con el mismo ritmo que Sanidad publica la mortalidad general. Si Sanidad puede decir en julio lo que pasó en junio, Trabajo también debe poder.
- Cruce de datos entre Sanidad, Seguridad Social e Inspección de Trabajo para identificar cuándo una muerte por calor ocurrió durante la jornada, in itinere o en un puesto sin protocolo, en vez de dejar esa determinación a la comunicación voluntaria de cada empresa.
- Inspección de Trabajo con campañas específicas en los sectores donde el riesgo se concentra: agricultura, construcción, limpieza viaria, seguridad privada, reparto.
- Sanciones que se apliquen, no que se anuncien. Un requerimiento sin seguimiento no protege a nadie.
- Espacios climatizados públicos, con fuentes de agua fresca, para quien trabaja al aire libre y necesita un lugar real donde parar, no una sombra improvisada.
Lo que exigimos a las empresas, sin esperar al Ministerio
- Evaluación de riesgo por calor en cada puesto, con plan de aclimatación para quien se incorpora o se reincorpora en plena ola.
- Agua, sombra y pausas garantizadas por escrito, no prometidas de palabra.
- Paralización de la actividad con salario íntegro cuando el riesgo es grave, tal como permite el artículo 21 de la LPRL.
- Un registro de incidentes por calor en cada centro de trabajo, accesible al comité de seguridad y salud, porque sin ese registro mínimo ninguna estadística posterior tiene con qué construirse.
Si una empresa no tiene evaluación de estrés térmico, no hay protocolo que negociar hasta que la haga. Si se niega a negociarlo o lo incumple durante una ola de calor, se activa la paralización con acta y aviso a Inspección. No se trata de recomendaciones, es lo que dice la ley cuando se aplica.
























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