Brecha salarial de género al 16,1%: las mujeres cobran 5.152 euros menos al año
Según los datos de la Encuesta Anual de Estructura Salarial 2024 publicados por el INE, la brecha salarial de género ha aumentado por primera vez desde 2013. Se rompe así con once años consecutivos de descensos.
En 2023, las mujeres cobraban de media un 15,7 % menos que los hombres. En 2024, la diferencia asciende al 16,1 %, lo que supone un retroceso en la igualdad retributiva. El salario medio anual de los hombres se situó en 32.057,55 euros, mientras que el de las mujeres fue de 26.904,90 euros, apenas el 83,9 % del salario masculino.
Los salarios masculinos crecen más que los femeninos. El salario medio de los hombres aumentó un 5,5 %, frente al 5,1 % de las mujeres. Aunque ambos crecen, el mayor incremento masculino ensancha la brecha.
Un repunte que evidencia desigualdades estructurales
Desde USO subrayamos que este incremento no es coyuntural, sino consecuencia de factores estructurales que siguen sin corregirse. Por ejemplo, las mujeres siguen concentradas en los sectores peor pagados. Los datos del INE muestran que las actividades con salarios más bajos (hostelería, cuidados, servicios, comercio) tienen mayor presencia de mujeres y subidas salariales más modestas, pese a sostener tareas esenciales para la sociedad.
Las personas que dedican su vida laboral a cuidar a personas dependientes o a labores asistenciales no pueden seguir siendo invisibles ni penalizadas. Su trabajo es imprescindible para el funcionamiento de la sociedad y debe ser reconocido y remunerado en consecuencia.
USO reclama medidas urgentes para eliminar la brecha de género
Desde USO exigimos políticas activas y eficaces para combatir esta desigualdad persistente. Primero, es urgente reequilibrar la presencia femenina en sectores mejor remunerados, donde las mujeres siguen siendo minoría. Mientras tanto, hay que revalorizar salarialmente los trabajos de cuidados y servicios esenciales, que sostienen el bienestar colectivo pero siguen siendo penalizados económicamente.
Por otro lado, la corresponsabilidad es imprescindible para que las mujeres dejen de asumir la mayor carga de cuidados familiares. No se puede seguir castigando profesionalmente a quienes necesitan conciliar. Las políticas públicas deben garantizar que la conciliación no sea un sacrificio laboral exclusivo de las mujeres.
Finalmente, es obligatorio reforzar la Inspección de Trabajo y y los mecanismos para cumplir con la transparencia salarial para identificar y combatir la discriminación, tanto directa como indirecta. Sin visibilidad de lo que se paga, la desigualdad seguirá invisible.
























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