Las mujeres siguen agotando la prestación por nacimiento en mayor medida que los hombres, especialmente en familias monomarentales
Los datos sobre prestaciones de nacimiento recabados por la Seguridad Social para todo 2025 nos hablan de que aún hay diferencia en el disfrute del permiso. Las mujeres lo alargan más. Y eso, a pesar de que ahora ambos progenitores pueden acogerse al mismo tiempo. En el caso de las excedencias por cuidados y conciliación, la diferencia entre sexos es abismal. Las mujeres siguen cargando con esta responsabilidad.
Siguen los roles: la madre no trabaja
En 2025, 524.714 personas accedieron al permiso por nacimiento y cuidado de menor. De estas prestaciones, 241.903 correspondieron al primer progenitor y 282.811, al segundo. Como regla general, la primera persona progenitora es, en casi el 100 % de los casos, una mujer. Y, en la misma proporción, los hombres representan la segunda persona progenitora. Así podemos ver que, aproximadamente el 53% de las personas beneficiarias de esta prestación son hombres.
La Seguridad Social no entra a explicar por qué hay más prestaciones a segundos progenitores que a primeros. Y eso, a pesar de que las familias monomarentales y monoparentales únicamente tienen primer progenitor. En USO, entendemos que esa diferencia de casi 41.000 personas se debe a que aún hay una brecha importante de actividad entre hombres y mujeres. Es decir, no hay segundo progenitor sin primero. Pero, si hay más prestaciones para el segundo, es porque el primero, la primera en casi todos los casos, no tiene derecho a ella.
Esto nos abre un panorama instalado aún en tópicos y estereotipos: mujeres que no trabajan o mujeres que aprovechan el estar sin trabajo para ser madres y no interrumpir su carrera en otro momento. El estigma de la maternidad sigue muy presente en la vida laboral de las mujeres.
Duración media del permiso de nacimiento
A pesar de que los permisos son igualitarios para ambos progenitores desde 2021, el disfrute no lo es. Se han ido equiparando, pero la mujer aún sigue agotándolos con mayor frecuencia que los hombres.
Así, la duración media de la prestación fue de 112,98 días. Es una media que casi se corresponde con el disfrute de la primera progenitora cuando es mujer, 112,99 días, pero que se rebaja a 109,65 días entre los hombres, aun cuando son el primer progenitor.
En cuanto a la segunda persona progenitora, la duración media es ligeramente menor, 109,24 días. Y eso prácticamente coincide con la prestación de los hombres, 109,21 días. Sin embargo, las mujeres también la alargan más cuando son la segunda progenitora: 111,73 días.
Estos datos evidencian que sí hemos avanzado significativamente hacia la normalización y el uso de permiso por nacimiento y cuidado. Pero, a pesar de contar con las mismas condiciones de acceso a él, los hombres aún no agotan el derecho.
“Los roles y estereotipos de género, por imposible que nos parezca, siguen impactando en el ejercicio del permiso por nacimiento y cuidado del menor; tanto en normalizar que las mujeres son quienes deben cuidar, como en la creencia de una menor carga de responsabilidad de cuidados hacia los hombres”, reflexiona Sara García, secretaria de Acción Sindical y Empleo de USO.
Las madres solas, con más necesidad de conciliación
Otro dato que nos hace reflexionar es el de los permisos que disfrutan los progenitores únicos. En este caso, aproximadamente el 82 % de las prestaciones fueron reconocidas a mujeres. Esto nos obliga a seguir hablando de familias mayoritariamente monomarentales. Y son ellas las que, con mucha diferencia, necesitan agotar el permiso.
La duración media fue de 131,54 días para estas familias. Pero con una diferencia de casi de 4 semanas entre hombres y mujeres. Las madres solas se cogieron 136,26 días de media de permiso; los padres, 110,64. Es decir, más de 25 días de diferencia.
Esto tiene muchas lecturas. Pero, si lo cruzamos con los múltiples informes que nos hablan de un mayor riesgo de pobreza entre las familias monoparentales, sobre todo cuando están encabezadas por mujeres, volvemos a las brechas de género. Las mujeres tienen trabajos más precarios y se les hace más imposible afrontar gastos extra por conciliación al volver a su empleo. De ahí que sea necesario agotar la cobertura de la prestación, al contrario que los hombres.
Excedencias por cuidados
El número de este tipo de excedencias ha aumentado en España. Mientras que en 2024 se dieron de alta 53.471 casos, en 2025 fueron 54.639, un 2,1 % más. El peso de los hombres ha aumentado ligeramente, pero la diferencia sigue siendo abismal.
En 2024, ellas representaron el 84,38 % de este tipo de excedencias (45.118 peticiones), mientras que en 2025 se rebajó el porcentaje al 83,09 (45.400). Es decir, esa ligera mejora en la implicación de los hombres en los cuidados únicamente ha supuesto el 16,90 % de las excedencias de este tipo, 9.239.
“La corresponsabilidad sigue muy lejos de darse. Y hay dos factores que influyen: la encallada feminización de los cuidados y la precarización del empleo femenino. No solo se trata de decidir por cultura que la mujer se quede en casa a cuidar. Es que, incluso en los hogares más igualitarios en roles, la pérdida salarial desviará mayoritariamente la balanza en favor de que seamos nosotras las que nos ausentemos del trabajo”, lamenta García.
La secretaria de Acción Sindical y Empleo de USO añade que “esto no es casual. Forma parte de una discriminación estructural que sigue penalizando a las mujeres. Reconocemos un gran avance en derechos de conciliación y con el fin de fomentar la corresponsabilidad en los cuidados. Sin embargo, aún tenemos muchos pendientes para lograr la igualdad en el trabajo. La precariedad, las brechas salariales o las brechas en las pensiones siguen determinando la realidad de las mujeres. Finalmente, debemos apelar también a la responsabilidad social: tenemos que seguir trabajando como sociedad para poder transformar la realidad de las mujeres”.
























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