Ir y volver del trabajo es también un riesgo laboral que puede desencadenar en un accidente in itinere. Te explicamos sus causas y te damos algunos consejos de prevención
Cada día, miles de personas trabajadoras sufren accidentes in itinere, aquellos que se producen antes incluso de llegar a su puesto de trabajo. Es decir, los que ocurren en el trayecto entre el domicilio y el centro de trabajo, y que la ley reconoce como accidente laboral.
Según la Estadística de Accidentes de Trabajo, durante 2026 se han producido 36.053 accidentes con baja in itinere, con un incremento interanual del 3,8%, muy superior al 0,7% de crecimiento de los que se producen en jornada. Por sexo, estos accidentes castigan más a las mujeres que a los hombres: mientras que ellos sufren el 45% de los casos, ellas concentran el 55% del total.
La diferencia no se explica por una conducción menos segura o menor destreza. Se explica por cómo y cuándo se producen los desplazamientos, y los propios datos oficiales muestran que ese riesgo se concentra de forma distinta según el sexo en jornada y en trayecto. Y una cuestión, aunque incómoda, es por qué si hombres y mujeres sufren un número similar de accidentes in itinere, el 80% de los fallecidos en ellos son hombres. La respuesta reside en el tipo de vehículo. El INSST señala que la moto tiene más peso en los siniestros masculinos. Es decir, los hombres priorizan un medio de transporte individual mientras que las mujeres uno más familiar.
Normalmente, los consejos de seguridad vial sobre revisar el vehículo, mantener la distancia de seguridad, usar el cinturón o no usar el móvil y, aunque totalmente necesarios, se quedan cortos porque no profundizan en la raíz del problema. Ignoran un dato que desde USO llevamos años señalando y es que el riesgo in itinere no se reparte igual entre hombres y mujeres, y una parte de esa diferencia tiene una causa estructural, no individual.
Doble jornada, doble presencia
El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) define en sus notas técnicas de prevención (NTP 1185 y 1186) el conflicto trabajo-familia o «doble presencia» como la necesidad de responder de igual modo a las exigencias del trabajo remunerado y del trabajo doméstico y de cuidados. Una carga que sigue recayendo, mayoritariamente, sobre las mujeres.
Esa doble jornada, llevada a la práctica, se traduce en patrones de movilidad claramente diferenciados:
- Trayectos encadenados, en lugar de itinerarios directos domicilio-trabajo. Llevar a los niños al colegio, hacer la compra, pasar por casa de un familiar dependiente, antes o después de la jornada laboral. Cada parada añadida multiplica las maniobras, los cruces y las decisiones al volante, y con ellas la exposición al riesgo.
- Mayor presión de tiempos: cuadrar horarios laborales con horarios escolares o de dependencia deja menos margen y genera prisas, justo el factor que con más frecuencia precede a una conducción brusca o a una distracción.
- Cansancio acumulado antes incluso de arrancar el vehículo. La fatiga por la carga de trabajo doméstico previo se suma a la de la jornada laboral, reduciendo los reflejos y la capacidad de reacción desde el primer trayecto del día.
- Uso más frecuente de modos de transporte con mayor exposición (ida y vuelta a pie, transporte público con trasbordos) cuando el vehículo no está disponible por estar siendo usado para otras tareas de cuidado.
Esto es justo lo que la NTP 1186 señala como línea de intervención preventiva: actuar sobre la ordenación del tiempo de trabajo y las condiciones que generan esta sobrecarga, no sobre la conducta individual de quien conduce.
Consejos de circulación para las personas trabajadoras
- Si tu trayecto incluye varias paradas, planifica la ruta con márgenes de tiempo realistas. La prisa es un factor de riesgo.
- Evita organizarte para llegar justo a la hora de entrada. Ir con un margen de 10-15 minutos evitará maniobras bruscas, distracciones y prisas.
- Si notas fatiga acumulada (por cuidados, tareas domésticas o falta de descanso), trátala como un factor de riesgo, del mismo modo que no conduces bajo los efectos del alcohol o del sueño. Valora alternativas como el transporte compartido o el transporte público si el cansancio es alto.
- Revisa el vehículo con la misma frecuencia lo use quien lo use en casa. No des por hecho el mantenimiento por otra persona.
- Si tu ruta cambia según quién hace los cuidados ese día, comunica a la empresa cualquier cambio relevante en tu trayecto habitual. Es fundamental de cara a proteger la calificación como accidente in itinere ante el INSS.
Para la negociación colectiva y la acción sindical
- Exigir flexibilidad horaria real de entrada y salida, no solo nominal, para desincentivar los trayectos hechos con prisa.
- Incorporar la doble presencia como riesgo psicosocial en la evaluación de riesgos, con medidas concretas de ordenación del tiempo de trabajo.
- Negociar planes de movilidad al trabajo (Ley 9/2025) que contemplen los trayectos encadenados típicos de quienes asumen cuidados, no solo el modelo domicilio-centro directo.
- Reforzar el transporte colectivo de empresa y su compatibilidad con horarios escolares/de dependencia.
- Garantizar que el registro de accidentes in itinere se desagregue por sexo, para poder auditar esta brecha centro a centro.
En resumen: la seguridad vial in itinere no se resuelve solo con buenos hábitos al volante. Mientras la carga de los cuidados siga repartida de forma desigual, el riesgo en el trayecto también lo estará.
Desde USO reivindicamos que la prevención de estos riesgos se aborden donde realmente se generan, que es en la organización del tiempo de trabajo y en el reparto social de los cuidados, no únicamente en la conducta individual de quien conduce.
























Comments are closed.