USO centra sus reivindicaciones en el cuidado de la salud mental laboral de quienes cuidan a los que sufren estas patologías

Este próximo sábado, 10 de octubre, es el Día Mundial de la Salud Mental, problema social y, por tanto, laboral, de primer orden, cada vez más en el centro del debate público. Desde USO queremos alzar la voz por todas aquellas personas trabajadoras que, vocacionalmente, consagran su vida laboral y profesional a la atención y los cuidados de todos aquellos que sufren este tipo de patologías y de sus familias. Por ello, debemos acordarnos de los profesionales de la psicología, psiquiatría, enfermería, terapia ocupacional, trabajo y educación social, integración social, personal auxiliar, etc., porque gracias a su labor, esfuerzo y dedicación sostienen cada día, a menudo en silencio, una parte del sistema de cuidados muchas veces olvidado y denostado.

Su vocación no puede ser la coartada de unas condiciones de trabajo deficientes porque quien dedica su vida a cuidar la salud mental de los demás no puede ver desatendida la suya. Ni su salud mental ni sus condiciones de trabajo. Por eso, desde USO reivindicamos que protegerla es un derecho de las personas trabajadoras y una obligación preventiva de las empresas y las Administraciones, no un gesto de buena voluntad. Quienes cuidan también tienen que ser cuidados.

Las causas de los problemas de salud mental en el ámbito laboral

El análisis realizado por el INSST de la EPA 2020 revelaba que, en actividades sanitarias y servicios sociales, el 45,2% de las personas ocupadas refiere presión de tiempo o sobrecarga (31,9% en el conjunto) y el 32,6%, trato difícil con pacientes o público (16,2%).

En 2025, la encuesta OSH Pulse de la EU-OSHA sitúa en el 40% a las personas trabajadoras españolas con estrés, depresión o ansiedad causados o agravados por el trabajo frente al 29% en la media de la UE.

El INSST, en su síntesis de 2025 sobre el personal sanitario, apunta a las altas demandas psicológicas, la escasa autonomía, el bajo apoyo social, los turnos, la sobrecarga y la violencia. Es un problema estructural y de falta de cultura preventiva en España, no se solventa poniendo parches con cursos de resiliencia mientras las ratios siguen siendo insuficientes, sino de eliminar las causas en origen.

Quienes cuidan están más expuestos

En 2025 se notificaron 18.563 agresiones a profesionales del Sistema Nacional de Salud, el 84,5% de ellas no físicas, según datos del Ministerio de Sanidad. Insultos y amenazas que, desde los puestos de responsabilidad, se siguen atribuyendo a las características intrínsecas del trabajo o, en otras palabras, son «parte del trabajo» o “gajes del oficio”. Pero en USO, nos gusta llamar a las cosas por su nombre, es un riesgo laboral por inacción de la patronal.

Y hay otro dato que señala directamente a quien tiene la responsabilidad de prevenir. En 2025, el sistema de comunicación de patologías no traumáticas de la Seguridad Social (PANOTRATSS) registró 3.440 patologías causadas o agravadas por el trabajo en toda España. Solo 203 fueron desórdenes mentales (193 causados y 10 agravados por el trabajo), el 5,9% del total (Seguridad Social, Informe anual 2025). En los siete años anteriores, de 2018 a 2024, el INSST había contabilizado 808 trastornos mentales y del comportamiento en ese mismo sistema. Mientras tanto, el propio INSST reconoce que los trastornos mentales son ya la segunda causa de incapacidad temporal en España.

Es difícil creer que esa diferencia sea la medida real del problema. En USO tenemos pocas dudas de que esas cifras hablan más de lo que no se registra que de lo que no ocurre. Lo que no se reconoce no se previene, y lo que no se previene lo acaban pagando, una vez más, las personas trabajadoras. Por eso exigimos actualizar el RD 1299/2006 para que el estrés laboral, el síndrome de burnout y el acoso psicológico dejen de ser invisibles para el sistema.

La ley obliga, las empresas no cumplen

La Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales reconoce el derecho de las personas trabajadoras a una protección eficaz y obliga al empresario a garantizarla en todos los aspectos relacionados con el trabajo. Eso incluye evaluar los riesgos que no se pueden evitar y combatirlos en su origen. La propia ley deja claro que la organización y ordenación del trabajo son condiciones de trabajo que influyen en esos riesgos.

Dicho de otra manera, las cargas excesivas, ritmos imposibles, plantillas insuficientes o la violencia ocupacional no son una fatalidad inevitable ni un asunto individual. Son riesgos que la empresa tiene el deber de identificar, evaluar y corregir.

Sin embargo, la realidad que vemos cada día en los centros de trabajo es otra. Desde USO denunciamos que muchas empresas no evalúan los riesgos psicosociales o solo lo hacen cuando la Inspección de Trabajo se lo requiere. Es decir, tarde y a regañadientes. Una obligación que solo se cumple bajo requerimiento no es prevención, es trámite, es miedo a la multa. Mientras tanto, quienes sufren las consecuencias son las personas trabajadoras, y entre ellas, quienes cuidan.

¿Qué debemos exigir a las empresas y a las Administraciones?

  1. Evaluación de riesgos psicosociales específica en los puestos de atención directa, con participación de las delegadas y delegados de prevención.
  2. Plantillas y ratios adecuadas.
  3. Protocolos frente a las agresiones, con apoyo a la persona afectada y facilidades para notificarlas, incluidas las verbales.
  4. Supervisión profesional y espacios de descarga emocional dentro de la jornada.
  5. Reconocimiento como contingencia profesional cuando el origen sea laboral.
  6. Estadística oficial desagregada por ocupación en salud mental.
  7. Que todo esto se negocie en los convenios y se vigile en los comités de seguridad y salud.